lunes, 26 de enero de 2015

La muerte de Lobezno




Así tal cual. Lobezno muere como lo hicieron antes ese Superman, ese Batman, ese Ojo de Halcón, esa Avispa... Todos mueren para que las ventas suban un par de meses o tres. Todos entramos en el juego: las editoriales, los autores y los lectores. Todos queremos saber cómo más que el por qué. ¿Cómo coño puede morir Superman? ¿Cómo se acaba con un mutante prácticamente inmortal? 

El personal se mosquea porque se siente engañado y sabe que tarde o temprano Logan volverá con el mismo peinado y la misma entrañable mala leche. ¿No hemos caído de un guindo? Seguro que no; así que coge este puñado de grapas y olvidémonos de que somos unos treintañeros haters.

Porque La Muerte de Lobezno no es más que un homenaje, como tantos, al personaje más popular de la editorial después de Spiderman. Charles Soule es la prima donna encargada de escribir el fin temporal de Lobi. Y McNiven el grande vuelve al personaje después de El viejo Logan para que el potaje nos guste más. 

Y se consigue. Lobezno aparece como nos gusta, un personaje jodido que ha perdido su poder de curación. Sabe que muchos los saben; y que de esos muchos, los más son malos que quieren joderle. Al viejo estilo canadiense. Así que muy poéticamente vemos como Logan se tiene que partir la boca con algunos de sus villanos de toda la vida. Está Nuke, Dama Mortal, Dientes de Sable, Ogún, y el maestro de ceremonias de todo el tinglado. Porque hay un tinglado. Siempre hay alguien tirando de los hilos de adamantium.

Lobezno está solo salvo ayudas puntuales. Es puro hard boiled crepuscular. Está para sufrir, para sacrificarse, porque nosotros estamos pagando por verlo morir. ¿No?

Y se echa de menos más recorrido, más desarrollo de la historia más allá del pim pam pum autorreferencial. Da lástima ver cómo otros eventos se eternizan y éste se queda corto. Pero ya volverá Lobezno. Siempre lo hace y siempre lo hará. Pensar lo contrario es de tontos. Y aquí nadie es tonto, ¿verdad?